El calentamiento global, que no es lo que ocurre en los campings de españa cuando llegan las suecas, sino el aumento de la temperatura global (no “local”, como en “pero qué dices si aquí ahora nieva de nuevo como cuando Franco”), es un tema delicado porque divide a la gente. Y es también cansino; muy cansino de tan manoseado que está.
Porque parece que es imposible charlar sobre tema sin que la discusión se tuerza hacia la política y las teorías conspiratorias antes de que se haya podido decir nada con un mínimo de sentido. Y el hecho de que a menudo los argumentos de ambas facciones (porque en este mundo binarizado sólo existe el sí el no) suelen ser de una simpleza alarmante no ayuda a que la discusión merezca la pena.
Por un lado se empiezan a discutir las “evidencias”. Siempre hay quien menciona los registros científicos de temperatura y concentraciones de gases de los últimos siglo y medio y subraya el evidente pico alarmante en las gráficas. Éste es el argumento primero del lado A. El lado B hace notar que la gráfica no está cortada en cero, que los procesos no son lineales y que vamos, “no tienes ni idea de leer un gráfico, ¿no ves que está en escala logarítmica, pardillo?”. Después contraataca atribuyendo la causa del posible calentamiento (que acaba de negar) a procesos naturales de mayor escala de la registada por los científicos. Siempre afloran frases como “de todos modos desde la edad de hielo hace 15 mil años no hacemos más que subir de temperatura”. El equipo A acusa a B de creerse más conocedor que los científicos y especialistas de la disciplina, que confirman el calentamiento y en los que A confía. También recuerda que “antes no había tifones ni catrinas ni olas de frío ni sequías, así que algo debe estar pasando”. Además, A que siempre ha sido rebelde, no se aguante un “que los gobiernos, sobre todo el americano, no lo quieran reconocer sólo responde a razones económicas”, y puede que añada a la frase un “y capitalistas” dependiendo de las tendencias hippies y de lo caldeadito que se haya ido poniendo el ambiente. Y qué más quería escuchar el lado B, que siempre tiende a cojear de su pata derecha (aunque sea zurdo por educación), que de política y petróleo. Así que se lanza en plancha. Que ni mucho menos, que en verdad el calentamiento global es un invento de los gobiernos para cobrar más impuestos en conceptos verdes, y también de los empresarios para justificar nuevas inversiones en negocios respetuosos con el entorno y de las empresas para vender nuevos productos ecológicos con la escusa de la moda ambientalista, y que es todo una confabulación para sacar más perras a los contribuyentes de una forma u otra. Y que al final son los pringados que curran los que han de pagar los impuestos verdes (B suele amenudo jugar a la izquierda de cartón-piedra). El grupo A reacciona y reconoce que hay que ser un ingénuo para no ver que efectivamente diferentes sectores van a sacar tajada de la moda del calentamiento global, pero que eso no tiene que ver con que el hecho de que el cambio climático esté ocurriendo o no, y, de nuevo, que los los científicos lo han confirmado, no los políticos. B afirma que eso no es correcto, que los científicos de hecho no se ponen de acuerdo sobre el tema. Los de A aseguran que sí, que sólo es la propaganda de los medios de comicación de derechas los que han difundido el falso rumor de que no lo están. B asegura que no se ha llegado a unanimidad científica (!!), y recuerda que además los cientificos son humanos y sus opiniones pueden ser compradas. Y aquí en este momento por lo general la discusión llega a su punto muerto, y cada uno se va a su casa a regañadientes no menos convencido de su postura que antes de la discusión (pues verdades contradictorias nunca ceden, ni siquiera las de este nivel).
En lo que a mí me toca, ya no me molesto en decir nada, porque sinceramente, no tenemos ni pajolera idea de lo que hablamos, y perdonen si decepciono a alguien al revelar que leer un par de artículos en internet, donde cualquiera puede tirar una opinión que se convierte automáticamente en verdad, no ayuda mucho. Habrá quien efectivamente sepa del tema, se haya documentado bien etc, pero yo no soy ése, así que siempre doy mi “no sabe, y por tanto no contesta”. Y discutir así a nivel de superficie con argumentos tontos, sinceramente, ya abuuuuurre.
Aún así, creo que más nos valdría cuidar un poco el entorno y los que viven en él, y como dije hace tiempo, no sólo ya por puro egoísmo humano (“para que no haya tornados y para que nueva york no se inunde cuando los polos se derritan”), ni tan siquiera por el conservacionismo político que promueve formas de sociedad sostenibles donde el cuidado del medio ambiente y del entorno es sólo una medida para asegurar el bienestar humano. No me gustan esta egocentricidad tan humanista. Creo que más nos valdría cuidar un poco el entorno símplemente por su belleza (estética, biológica, mágica, estructural, histórica). Pero parece que este no es un pensamiento muy compartido (comprendido), con lo cual todo depende, desafortunadamente, de lo bien que jueguen sus cartas los de la facción de lo sostenible. Qué triste; el mal menor es mejor que el mal mayor.
en huelga de opinión, no sin cierta frustación
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